Ferreira detalló que esta dinámica local responde a un masivo ingreso de divisas proveniente de la inversión extranjera directa —que tras la obtención del grado de inversión superó los 1.000 millones de dólares anuales—, una cosecha récord de 11 millones de toneladas de soja, remesas familiares por encima de 500 millones de dólares y una inédita emisión internacional de bonos globales en moneda local por 1.000 millones de dólares.
A estos factores se suma un flujo migratorio anual de unos 100.000 extranjeros de nivel socioeconómico medio-alto que trasladan sus ahorros para invertir en el país. De esta manera, mientras a nivel global la divisa norteamericana se depreció un 10% por tensiones comerciales, en Paraguay la caída alcanzó un 26% desde el pico cercano a los 8.000 guaraníes registrado el año anterior.
El especialista advirtió que la celeridad de este ajuste genera desequilibrios severos en el tejido económico nacional, perjudicando de forma directa a sectores como la construcción, los exportadores y la industria local.
Remarcó que la economía se organiza en torno a “presupuestos y contratos”, y recordó que Paraguay funciona de manera “perfectamente bimonetaria”, dado que la mitad de los depósitos del sistema financiero se mantiene voluntariamente en dólares y la otra mitad en guaraníes.
Como muestra del problema, citó al sector de real estate, donde los proyectos en pozo se venden en dólares a plazos de 24 meses con márgenes de rentabilidad del 10% al 15%, pero la mitad de los costos de obra son en guaraníes; por ende, un desplome cambiario del 26% en un periodo corto vuelve inviable el cumplimiento de los contratos sin asumir graves pérdidas. Para el analista, esta coyuntura quiebra diez años de relativa estabilidad y previsibilidad cambiaria.
Frente a este escenario, Ferreira afirmó que el Banco Central del Paraguay (BCP) debe asumir una postura responsable en el mercado de cambios para amortiguar las variaciones bruscas y proteger la actividad económica. Precisó que la intención no es fijar artificialmente el tipo de cambio, sino utilizar la solidez de las reservas internacionales —que rebasan los 10.000 millones de dólares— para “suavizar esos movimientos” y dar margen a que los actores económicos reajusten gradualmente sus operaciones.
El analista concluyó que la inacción o ausencia reguladora termina dañando la rentabilidad empresarial y la estabilidad del mercado, por lo que resulta indispensable que la banca matriz intervenga para devolver orden y previsibilidad al clima de negocios.