El analista internacional Jorge Codas Thompson evaluó el reciente discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, destacando que la postura norteamericana se fundamenta en el “poder duro” —económico y militar— desplazando los mecanismos tradicionales de persuasión diplomática.
El especialista analizó la severa tensión con Irán, caracterizando la alocución de Trump como una “retórica realmente muy apocalíptica” al abordar la disyuntiva entre un eventual acuerdo o la opción de “aniquilar al país”. Como contraparte, resaltó la tajante respuesta de la dirigencia iraní, cuyos voceros remarcaron que su nación no va a “agachar la cabeza ni se va a arrodillar ante Estados Unidos” mientras continúe el bloqueo económico y no se alcance una paz abarcativa en la región.
En el marco de la competencia geopolítica global, Codas Thompson subrayó la creciente relevancia estratégica del Ártico, donde el derretimiento de los glaciares por el calentamiento global ha abierto vías navegables y recursos naturales disputados con potencias como Rusia y China. En cuanto al hemisferio occidental, el analista señaló el abordaje estadounidense hacia la crisis venezolana y la caracterización de Cuba como un “estado fallido”.
Asimismo, puso especial énfasis en la decisión de equiparar a las organizaciones internacionales del narcotráfico con el “Estado Islámico”, catalogando a sus líderes bajo la figura de “enemigos combatientes” para privarlos de las protecciones establecidas en las convenciones internacionales.
Respecto a la posibilidad de que Washington emprenda acciones militares directas en América Latina, el experto explicó que la categorización de los carteles como grupos terroristas responde a una lógica estratégica orientada a enviar tropas de fuerzas especiales para “eliminar a sus líderes” en intervenciones puntuales. No obstante, advirtió que la concreción de tales operaciones resulta altamente incierta en el corto plazo, debido a que Estados Unidos se encuentra “empantanado estratégicamente” por el conflicto en Medio Oriente, lo que ha demandado un considerable redespliegue de recursos militares.
Finalmente, al abordar el desarrollo de la inteligencia artificial o “superinteligencia”, Codas Thompson expuso la negativa de la administración estadounidense a someter la tecnología a regulaciones globales, limitándose a proyectar un canal de comunicación directo con Pekín frente a eventuales ciberataques o fallos del sistema.