Para empezar, actualmente no se cuenta con datos fidedignos que permitan evaluar con precisión cómo estaba la problemática antes de que se pusiera en marcha el plan.
La oferta de tratamiento sigue siendo insuficiente debido a la escasez de profesionales capacitados. El doctor advierte que no se está entrenando al personal de atención primaria como médicos de familia y unidades de salud familiar, quienes deberían ser el primer contacto con los pacientes.
Además, recuperarse de una adicción no es sencillo; requiere un proceso a largo plazo y equipos multidisciplinarios. Se necesita una variedad de opciones de tratamiento para atender realidades tan diversas como las de jóvenes en situación de calle, mujeres embarazadas o personas privadas de libertad.
El especialista explica que los tratamientos deben adaptarse al paciente a través de dos caminos: programas de abstinencia que busca la sobriedad absoluta cuando la persona decide dejar de consumir porque su vida se ha vuelto insostenible.
Lo segundo, reducción de daños, una estrategia de negociación para pacientes que no quieren dejar el consumo por completo. En este caso, se pactan alternativas reguladas o sustitutivas para mitigar el daño físico y social.