Rubén Chena, padre del futbolista, relató en Fútbol a lo Grande con emoción los detalles de un camino que comenzó cuando Carlos tenía apenas 14 años. La rutina del ahora volante central azulgrana exigía despertarse a las 3:00 de la mañana para viajar en motocicleta desde su hogar en la zona de Cabañas (Loma Guazú), Caacupé, hasta el centro de la ciudad. Desde allí, tomaba colectivos hacia Ypané y luego hacia el centro de entrenamiento del club, un sacrificio que realizaba de ida y vuelta sin descuidar sus estudios escolares.
El camino no fue sencillo: Carlos llegó a una prueba en el club junto a otros tres amigos, siendo él el único seleccionado para permanecer en la institución. Tras un periodo de viajes constantes, el club le ofreció un lugar en su pensión, donde residió durante ocho meses para facilitar su desarrollo profesional.
El debut fue una noticia que el jugador prefirió mantener en la intimidad familiar antes de saltar a la cancha. Para su padre, verlo vestir la camiseta del equipo “más grande del Paraguay” representó el fruto de años donde “no hubo frío ni calor” que detuviera su progreso.
Con un desempeño destacado como volante central, Chena no solo cumplió su meta personal, sino que también honró la tradición de una “familia futbolera” que lo apoyó incondicionalmente desde sus inicios.