“La economía del gigante asiático atraviesa un momento de desaceleración, marcado por la caída en el consumo interno y la reducción de la demanda externa”, remarcó. Señaló que el modelo de crecimiento basado en exportaciones y construcción mostró señales de agotamiento, lo que obligó al gobierno chino a replantear sus políticas económicas.
Destacó que la crisis inmobiliaria es uno de los factores más preocupantes, ya que afecta directamente a la confianza de los consumidores y a la estabilidad financiera. Agregó que las grandes constructoras enfrentan deudas millonarias y que el Estado interviene para evitar un colapso mayor.
El análisista también subrayó que China busca fortalecer su mercado interno y diversificar su producción, aunque enfrentó tensiones geopolíticas y comerciales con Estados Unidos y Europa.