El doctor Julio Torales, jefe del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas, explicó que la depresión no se evita ni se cura con voluntad ni palabras de ánimo.
“No es una cuestión de fuerza de voluntad, para nada. Es una enfermedad”, dijo.
Señaló que la afección tiene componentes tanto genéticos, biológicos, neuroquímicos como también psicológicos y hasta sociales.
“Es decir, que hay factores psicológicos y sociales que afectan a una persona que tiene una vulnerabilidad biológica y de esa manera se genera la enfermedad”, manifestó.
“Cuando hablamos de por hipertensión arterial, que es una enfermedad física, si bien los factores del ambiente: comer mal, estar estresado todo el día pueden afectar el curso de la enfermedad; lo más probable es que la predisposición biológica es la que explica completamente el trastorno”, ejemplificó.
“Cuando hablamos de trastornos mentales, no es tan así. Hay una base biológica, pero los factores psicológicos y sociales se conjugan y hace que las personas vulnerables a la enfermedad mental, puedan desarrollar más fácilmente”, indicó.
Manifestó que dar palabras de ánimo, a pesar de la buena intención, en el sentido de que la enfermedad desaparece con fuerza de voluntad no ayuda a las personas que la padecen. “Es como que yo tenga diabetes y diga '¡Ánimo, fuerza de voluntad!’, y mi azúcar se regule en la sangre sin necesidad de tratamiento”, dijo.
Entonces, ¿cómo ayudar?
“Preguntar es lo más importante”, aseguró Torales.
Preguntas como "¿Te sentís bien?”, "¿Estás pensando en el suicidio?” pueden salvar vidas, según explicó. “Eso está demostrado por la evidencia que da la investigación”, remarcó.
Señaló que el suicidio no es una consecuencia exclusiva de la depresión, sino puede serlo de cualquier enfermedad mental.
“Dos de cada tres personas con depresión piensan en el suicidio en algún momento del cuadro y el 15 % de las personas con depresión se suicida. La mayoría de los suicidios se puede prevenir”, señaló.
Signos de depresión
“La mayoría de las personas con depresión empiezan a tener señales verbales como no verbales. Las señales no verbales que uno puede ver es que la persona comienza a aislarse mucho más, deja de hacer las cosas que antes le gustaban: por ejemplo, si le gustaba el fútbol, deja de jugar; de ir al gimnasio, de estar con su familia, con su pareja, con sus amigos. Se aisla más de los demás, empieza a responder peor al trabajo, tiene ausentismo laboral, empieza a estar irritable cada día más o francamente se lo ve triste”, detalló el doctor.
“Las señales verbales son aquellas que van desde expresar directamente deseos de morir hasta decir ‘En esta casa estoy de más, me gustaría dormir y no despertar, no vale la pena vivir de esta manera’”, continuó.