Amarilla sostuvo que la oposición no llegará unida debido a la competencia de “egos” y a la falta de “espalda política” de ciertos referentes, mencionando específicamente a Miguel Prieto —a quien calificó de “pedante"— y a Kattya González.
Amarilla reconfirmó su “pacto de no agresión” con el senador Basilio Núñez, sin embargo, aclaró que este acuerdo se limita estrictamente a mantener un comportamiento institucional y evitar insultos en el recinto, negando cualquier tipo de pacto político oculto.
La legisladora fue tajante al señalar que el problema del país radica en la “baja calidad” del voto. Afirmó que muchos paraguayos sufren del “síndrome de Estocolmo” al votar por sus propios “verdugos” y que el electorado paraguayo parece tener “miedo al cambio”.
Finalmente, la legisladora descartó tener aspiraciones a cargos ejecutivos como la presidencia o ministerios, afirmando que no se siente capacitada para tales responsabilidades y que no le “marea” la búsqueda de poder.