La tía relató que la joven de 22 años se animó a formalizar la denuncia hace apenas un mes, luego de que su expareja intentara asfixiarla en la cama: “el trató de estrangularla mientras ella dormía”.
A partir de ese violento episodio, Deisy abandonó la casa con un profundo trauma, tras soportar reiterados maltratos verbales y presiones para que dejara sus estudios universitarios y su trabajo, ya que el agresor “quería aislarle por completo de todo el mundo”.
Pese a que el hombre intentó ingresar por la fuerza a la vivienda de su madre y continuó merodeando sus lugares habituales, la víctima evitó promover una acción penal más severa que lo enviara a prisión por compasión hacia las secuelas físicas que él arrastraba de un accidente vehicular previo.
A raíz del constante hostigamiento, la familia no permitía que la joven saliera sola y su madre o vecinos la acompañaban a diario en sus desplazamientos.
Sin embargo, la noche del ataque, Deisy decidió trasladarse a pie a su lugar de trabajo para resguardar su automóvil ante el temor a una granizada, esperanzada en que el sospechoso ya no estuviera vigilándola.
Desestimando cualquier versión que intente justificar o atenuar lo ocurrido, Estela remarcó que “este chico estaba decidido” y que “él se bajó con esa intención de acabar con la vida de Deisy”.
La tía cuestionó la falta de protección efectiva para las mujeres amenazadas, lamentando que “no es la primera vez que una mujer realiza una denuncia y luego termina de esa manera” y sentenciando que la respuesta judicial resulta insuficiente porque “siempre llegan tarde, siempre después”.