El joven era un deportista que se encontraba preparándose para iniciar su carrera como futbolista profesional en la capital este próximo agosto.
El incidente ocurrió cuando Nahuel regresaba de un cumpleaños durante la madrugada. Según el testimonio de su madre y de testigos, la barrera policial no era visible, carecía de conos o reflectores, y los agentes se encontraban en vehículos particulares, lo que habría provocado que el joven huyera por temor a ser víctima de un asalto.
El vehículo de la víctima, un Toyota Allion, recibió 33 impactos de bala. Sosa sostiene que su hijo fue ejecutado a corta distancia después de haber estacionado el vehículo, argumentando que el auto no presentaba señales de haber volcado a pesar de la supuesta alta velocidad de la persecución y que Nahuel solo recibió un impacto certero en la cabeza.
Por este hecho, ocho policías han sido detenidos bajo sospecha de haber cometido lo que el propio comandante de la policía calificó como una “negligencia”. La familia, que se describe como “destrozada”, pide que el caso no quede impune, mientras la comunidad local se une al clamor de justicia.
